El enigma del trapecista

Todas las noches regreso al bosque sin que nadie lo sepa. Siempre paro en la misma carretera, en la misma curva. Todos los días lo mismo, pero debo decir que nunca es igual. A veces me tumbo en el asfalto y espero que pasen los coches a mi lado. Intento rozarlos e imagino que es mi mano jugando en las fauces de un tigre al que soy inmune. Cuando ya han pasado varias horas, me levanto y me dirijo a encontrarme con mi doble. Siempre hay varias versiones de nosotros mismos en el bosque; cada una es igual y distinta. No les temo a ninguno. No me da miedo ver su aspecto clónico, porque todos somos conscientes de nuestra diferencia. En realidad formamos parte de una adivinanza y cada uno de nosotros representa una palabra, así que recorremos el camino entre los árboles para intentar completar el enigma. Escucho algunas voces cuando me cruzo con los otros seres que físicamente son como yo, aunque nada a mí se parecen: "alguien teje un trapecista que juega a devolver la lluvia"... Nunca le encuentro sentido, así que cada madrugada cierro los ojos y vuelvo a bajarme en la misma cuneta para adentrarme entre los árboles y seguir haciendo preguntas.

 

 

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