Oxford Circus

A veces me pregunto si realmente tenemos tiempo para saborear las cosas. Hemos perdido la capacidad de contemplación, de buscar algo maravilloso en nuestra realidad inmediata, de sorprendernos. Ahora tenemos que soñar a través de un Iphone, en unos horarios determinados y a través de unos productos que nos convierten en meros consumidores. No quiero decir con ello, que la tecnología sea un ser apocalíptico que nos aisle o nos deshumanice. Ni mucho menos. La tecnología es una herramienta más a nuestra disposición...así que bienvenida sea. A través de la tecnología avanzamos más rápido, nos movemos más veloces, podemos ir a más lugares. Me pregunto sin embargo, ¿Tenemos tiempo realmente para disfrutar el viaje? ¿Sabemos realmente dónde queremos ir?

 

Todas las fotos de este artículo están tomadas en Oxford Circus. Cuando estuve de viaje en Londres, no pude evitar parame unos instantes en este cruce de calles donde el trasiego de gente es constante. En un principio, buscaba simplemente hacer fotos de quienes esperan junto a la parada del metro. No puedo evitarlo, es mi debilidad observar a aquellos que tienen una cita o que están aguardando algo; es una metáfora que siempre me ha gustado. Sin embargo, empecé a darme cuenta de la cantidad de personas que, aceleradas, transitaban alienadas o fuera de sí mismas. Estaban tan abstraídas de todo lo que les rodeaba, que casi ninguna me vió. De hecho, creo que la última foto del post, sería unas de las pocas excepciones.

 

A veces todos nos dejamos llevar por el ritmo trepidante de las cosas. Nos faltan horas del día para hacer cosas, planificar, hacer llamadas, organizar una escapada de fin de semana, poner al día la libreta del banco, comprar en el super...lo que sea. Pero parémonos un momento a pensar en "no pensar", a disfrutar de las pequeñas cosas, a dedicarnos un poco de tiempo... Seamos como esos señores mayores, que sacan las sillas a la calle mientras ven atardecer.